La edición de febrero del Barómetro Laboral y Previsional (BLYP),
elaborado por el Centro de Investigación de Empresa y Sociedad (CIES) de la Universidad del
Desarrollo y la Asociación de AFP, muestra un mercado laboral que mantiene avances graduales
en sus indicadores, con la brecha de empleos reduciéndose y la formalidad previsional mejorando.
Sin embargo, el desafío de la calidad del empleo y la densidad de cotizaciones femenina se
mantienen como temas relevantes para este año.
En materia previsional, la formalidad previsional registró una mejora respecto de hace un año
impulsada por un aumento en el número de cotizantes. En concreto, las mujeres alcanzaron un
38,4% (frente al 37,8% de diciembre 2024) y los hombres un 51,2% (frente al 50,6%). En cuanto a
la densidad de cotizaciones, los datos de diciembre de 2025 muestran que las nuevas jubiladas se
ubican en un 46% y los hombres en un 64%. Si bien estas densidades son iguales a las del mes
anterior y mejores que hace tres meses, al comparar con diciembre de 2024 la densidad femenina
acumula una caída de 6 puntos porcentuales (p.p.), mientras que los hombres caen en 1 punto
porcentual. En ese sentido, fortalecer la formalidad previsional que se ha observado en el último
tiempo será clave para revertir esta tendencia.
En materia laboral, el trimestre noviembre-diciembre-enero 2026 registró un crecimiento anual de
1,2% en el número de ocupados, equivalente a casi 113.600 empleos creados en 12 meses. Este
ritmo es menor al 1,8% anotado el trimestre anterior y continúa denotando un mercado laboral
estrecho. A pesar de ello, se pueden destacar algunos avances relevantes: la brecha de empleos
por recuperar para alcanzar la tasa de ocupación prepandemia cayó a poco menos de 152.300
puestos, su segundo nivel más bajo de toda la serie. Asimismo, la tasa de ocupación se ubica en
59,9%, prácticamente en el umbral del 60%, un nivel que no se alcanzaba desde antes de la
pandemia.
Un ámbito que merece atención es la composición de los empleos creados. De los casi 113.600
nuevos puestos, más de 82.000 (72,3%) correspondieron a empleos informales. Este fenómeno,
que se repite también en el grupo de 50 a 65 años, subraya la importancia de avanzar en políticas
que promuevan la formalidad laboral, tanto por sus beneficios directos para los trabajadores como
por su impacto en el ahorro previsional a largo plazo.
En el segmento de jóvenes de 18 a 34 años, el empleo cayó un 2,6% en 12 meses, una magnitud
similar al trimestre anterior (2,8%), lo que sugiere una cierta estabilización en las caídas, aunque
el nivel sigue siendo un desafío. Adicionalmente, la tasa de tiempo parcial involuntario (TPI) en
jóvenes de 18 a 24 años alcanzó un 30,8%, con un alza anual de 6,1 p.p., mientras que los
jóvenes de 25 a 34 años registraron una TPI de 36%, la más alta entre todos los grupos etarios.
Estos indicadores apuntan a la necesidad de fortalecer las oportunidades de empleo de calidad
para los grupos más jóvenes, que son quienes construyen hoy su trayectoria laboral y previsional.
Roberto Fuentes, Gerente de Estudios de la Asociación de AFP, destaca que: “La mejora en
la formalidad previsional es una buena noticia, y refleja que más trabajadores están cotizando
para su pensión. Sin embargo, la alta proporción de empleo informal entre los nuevos puestos de
trabajo es un recordatorio de que la recuperación del mercado laboral aún enfrenta desafíos en
materia de calidad del empleo”.
Por último, el Dato del Mes de esta edición, publicada en el contexto del mes de la mujer, analiza
las brechas de género en el mercado laboral y las pensiones. Los datos muestran que, si bien
estas brechas se han reducido respecto de hace 15 años, ellas aún persisten: las mujeres
registran una tasa de participación laboral de 55,8%, casi 20 p.p. menor a la de los hombres
(75,2%), enfrentan tasas de desempleo más altas (8,6% versus 7,9%) y tienen mayor exposición a
la informalidad (28,2% versus 25,6%). Además, las mujeres trabajadoras tienden a concentrarse
en sectores como comercio, educación y salud, quedando subrepresentadas en sectores como
construcción e información, transporte y comunicaciones. Como resultado de estas brechas
acumuladas a lo largo de la vida laboral, las mujeres jubiladas reciben hoy una pensión mediana
de vejez un 36,7% menor a la de sus pares hombres, lo que refuerza la urgencia de políticas que
promuevan la inserción laboral femenina de calidad desde etapas tempranas.
Daniela Leitch, Investigadora del CIES-UDD, señala que: “Es positivo estar viendo señales de
mejoras progresivas en el mercado laboral, en particular aquellas que se refieren a la disminución
de la brecha de empleos con respecto a hace un año y que la tasa de ocupación que se acerca al
60%. Sin embargo, aún se observa un grado de estrechez importante, ya que la generación de
empleo continúa en niveles bajos y además se aprecia la incidencia de la informalidad y del
empleo parcial involuntario. Ahora, el desafío es consolidar los pequeños avances y dinamizar la
creación de empleo formal, en particular para los jóvenes y para las mujeres. El dato del mes nos
recuerda que las brechas de género no son nuevas ni inmutables: han mejorado con el tiempo y
hay margen para seguir avanzando. Apostar por el empleo formal femenino no solo reduce las
brechas laborales, sino que tiene un impacto directo en la calidad de vida de las mujeres en su
etapa de jubilación”.



